domingo, 27 de febrero de 2011

¿Jugamos?

                                                      Foto by Victòria Peñafiel.
                                                  http://www.enlarecamara.com/

Y jugar por jugar
Sin tener que morir o matar
Y vivir al revés
Que bailar es soñar con los pies
Joaquín Sabina

            En estos días de problemas, de sinsabores, de desamores, de desencuentros, de destiempo creo que hemos perdido la capacidad de jugar. Sí, la de jugar. De jugar de forma limpia, apostar fuerte, aceptar las reglas, de perder o de ganar, también quedar en tablas. Perdimos la capacidad de organizar el juego, de buscar compañeros, cómplices de ese momento único, de dejarnos llevar por las mariposas en la panza, y de llegar al final, sin importar qué puede pasar, con la satisfacción de haber jugado. Jugar solo, de a dos, de a tres, en comunidad, con conocidos y con desconocidos. Jugar, hasta caer rendidos.
            De pequeña jugaba a la escondida, a la mancha (la venenosa era mi preferida), al eslástico en el patio del colegio, al 1 2 3 cigarrillo 43 (hoy estaría prohibido porque los cráneos que nos gobiernan dirían que es un mal ejemplo para los niños, venga, que los que fumamos o ex fumamos no encendimos el primer pucho por esto) y de a la Rayuela, mi preferido. La rayuela es ese eterno camino de la tierra al cielo en diez pasos, qué gloria…
De preadolescente y adolescente preferí los juegos relacionados con los descubrimientos, de uno y del otro. Quién no dio más de un furtivo beso jugando a la botellita, manipulada hábilmente para que te tocara besar al chico que, en ese momento, te hacía soñar. En otro nivel, los juegos de mesa y de cartas también ocupaban buen tiempo. Por suerte, mi abuelo Oscar me inició en el mítico juego del truco, dónde el que miente siempre, o casi siempre gana… pero nunca seré tan buena jugadora ni de truco ni de la vida como lo fue él (te extraño lelito)
Y ahora sigo jugando, no quiero perder esta esencia, de otra forma y por momentos de manera mucho más cruel, en dónde el todo o nada se hace patente. Hoy mientras jugaba con Ernest pensaba cuánto que les exigimos hoy en día a los niños, miles de actividades, horas por un tubo fuera de casa (sí, necesitamos trabajar y para poder conciliar no queda otra opción) y qué poco tiempo real que tienen para jugar. Dejemos que jueguen, que inventen, que imaginen, que pongan reglas, que busquen a sus cómplices. Participemos en el juego y conectemos con el niño que llevamos dentro, volvamos a las esencias, a lo que siempre, desde que el hombre salió de la caverna, nos pide el instinto animal, y jugar es una de ellas. Juguemos, respetemos las reglas, la última casilla es la misma para todos. Vivamos y aceptemos el desafío de jugar. Yo hoy soñaré que vuelvo a jugar a la botellita, espero haberme puesto en el lugar indicado para plantarte un beso, bonito…
Juguemos, con nosotros, para ellos, con ellos, para nosotros. ¿Jugamos?

martes, 22 de febrero de 2011

Immigracions



És quan dormo que hi veig clar

La vida es una herida absurda,
Foll d'una dolça metzina,

y es todo tan fugaz
Amb perles a cada mà

que es una curda, ¡nada más!
Visc al cor d'una petxina,

mi confesión.
Só la font del comellar

Contame tu condena,
I el jaç de la salvatgina,

decime tu fracaso,
–O la lluna que s'afina

¿no ves la pena
En morir carena enllà.

que me ha herido?
És quan dormo que hi veig clar

Y hablame simplemente
Foll d'una dolça metzina.

de aquel amor ausente
J. V Foix

tras un retazo del olvido.


¡Ya sé que te lastimo!


¡Ya sé que te hago daño


llorando mi sermón de vino!
[…]


¿no ves que vengo de un país


que está de olvido,
siempre gris.tras el alcohol?...


            


La última curda. C. Castillo


Sóc una dona feta de tangos, però visc mirant el mediterrani. Encara em faig un embolic quan em demanen: “i tu, d’on ets?” Sempre sento el mateix buit per dintre, la mateixa sensació d’infidelitat envers la terra on vaig néixer i aquesta terra d’acollida. Normalment, quan em pregunten això dic: sóc argentina però visc a Barcelona (Visca Barcelona?) Normalment, si estic parlant en aquesta llengua adquirida que tan estimo es queden sorpresos. Si parlo en la meva llengua materna no cal dir res, llueve en plaza de mayo, tot dit. Sóc dona, sóc filla, sóc mare (en català, ja que aquesta és la llengua dels meus fills), i sóc immigrant. Carne de cañón per a misògins i xenòfobs, que déu n’hi do els que encara hi queden... Tinc deures, no tinc drets, més enllà dels universals. Tinc problemes en català i en castellà, però per demostrar que puc fer ús d’aquesta Foixeana llengua he de passar una prova que de moment es resisteix –tot és qüestió de temps i de paciència. Del que resulta que sé parlar però no tinc veu, veu alta.  Les immigracions són doloroses. Complicades, difícils, mai més no tornaràs a ser la mateixa, mai més. Ja no ets d’allà on vas néixer (allà d’on tornen les ones) i no seràs mai del lloc a on has arribat, tot i que l’estimis, molt... M’agrada viure a Barcelona, m’agrada trepitjar la sorra a l’hivern, caminar per la ciutat buida, trobar els seus fantasmes, recórrer la seva història. M’agrada la gent d’aquí, m’agrades tu, ell, elles, vosaltres;  nosaltres? M’estimo parlar aquesta llengua sonora i plena de poetes i poesia. Odio fer cues, la burocràcia, que em tractin amb recel, que diguin que els immigrants són la merda de la societat. Jo vaig venir a estudiar, i pel camí he trobat l’amor que ha fet que decidís quedar-m’hi. He patit de tot, com tothom, he sentit de tot, però encara crec que aquí està el meu lloc. Encara he de fer moltes coses, em queda tot per donar, a la terra que m’ha acollit, que m’ha donat un racó on respirar. Em queda dintre la vida de l’altre banda del mar, la infantesa, l’adolescència, la formació, l’aprenentatge, les meves amigues, les meves iaies, la família, que encara es pregunta com vaig acabar aquí, els mateixos que volen conèixer els nens; però, tornar-hi  em fa mal, diuen que ja no sóc d’allà, sóc una mena de traïdora, i, potser, tenen raó.  Continuo sent una mena de tango que camina a l’ombra, que plora sempre que sent el Fito Páez, que pensa en els carrers de San Martín, en el col·legi, en els veïns, en el meu barri de casetes baixes,  en el funebrero que un altre cop està a la B. També ploro amb l’Albert Plà i canto amb els Antònia Font, i continuo  patint amb els pericos. Ploro quan no parles i també ho faig quan dius segons quines paraules. Ploro quan ploren els nens, quan els sento en perill, i quan diuen mamà t’estimo.   Ploro escrivint aquestes línees, un plor de dona, de mare, de filla, d’immigrant...


sábado, 19 de febrero de 2011

¿Bailamos?


Dicen que la historia siempre ocurre en un tiempo y en un lugar, pero pasó una vez que el tiempo se detuvo en un lugar.
 Pero antes pongámonos en situación. El, serio, formal, un hombre de negocios; ella, bohemia, risueña, una mujer de armas tomar. Se cruzaron las miradas un par de veces: aquel día que se vieron en la estación de autocares, ella volvía de su viaje a la gran ciudad, el aparcaba su poco discreto automóvil. La segunda, en aquel viejo aparcabicis, ella, como siempre, con prisas; el tranquilo en su andar. Fue un sólo instante y todo quedó dicho.
            Las fiestas en verano son apacibles, llenas de sonidos, olores, un ambiente en dónde todo se transforma y nada vuelve a ser como era. La banda de música era la primera vez que se presentaba en el pueblo. Los dos estaban allí. Cada uno con sus problemas, preguntas, respuestas y presupuestos –de todo tipo y color. Cada uno por su lado, cada uno con sus historias. La noche ya promediaba, y la banda no acababa de encontrar el do, ni el re, ni el mi…
            Ellos bailaban, cada uno por su lado, cada uno con su canción. Silencio, la noche se llenó de no ruidos. La orquesta comenzó una triste melodía, aquella que si ella había soportado oír una vez más, el también. Cabe destacar que el pianista no era ni talentoso ni negro como el de la mítica cinta. En medio de la improvisada pista de baile, ellos, nuestros anónimos amantes se dieron de bruces. Los primeros acordes ya desafinaban, incluso aun más que en toda la noche. Dos opciones: o girarse sobre sus talones, o bailar. Con el brillo de los ojos, húmedos, ansiosos, esperanzadores, ambos optaron por poner sus cuerpos en armónica danza, aunque el mundo desafinara. Un minuto y treinta segundos, as time goes by, el tiempo se detuvo. Ni un milímetro se movió la manecilla del gran reloj. Ni las aspas del viejo molino giraron, ni el viento dijo su nombre entre las delicadas flores amarillas. Un minuto y treinta segundos, en que eligieron amarse, tan sólo un suspiro, una migaja de la Historia, pero que cambiaría su historia. La banda se ha callado. Ellos ya no son los mismos, nunca volverán a serlo. Y lo saben…

Hoy el viento me trae la vieja melodía, cierro los ojos, calzó mis viejas zapatillas de baile. Siento que vuelves a mí. Me venís a buscar, amor, ¿bailamos?

jueves, 17 de febrero de 2011

Desnuda. Post 1

foto del project 365. www.flickr.com/photos/fotosfamiliapau


Alguna vez escuché, en el viento, ese que trajo tu voz, que uno se siente realmente desnudo, desnudo de desnudez integral, o bien ante el espejo o bien frente a un batallón de fusilamiento, al saberse cercana la muerte. En esos dos momentos claves se desnuda no sólo el cuerpo, también el alma. En casa no tengo espejos que me abarquen, siempre me siento desnuda al borde del abismo. Vivo en carne viva, mis sentimientos los revisto de una coraza fuerte y mentirosa para seguir adelante. Temo ser vista, descubierta. Me muevo entre las sombras, intento no hacer ruido, pero no siempre lo consigo. Mi voz es débil, susurra, pero en cada susurro grita libertad.
            Voy por la vida intentando hacer del mundo un lugar justo, no pienso en mí, sé que no lo veré.  Intento ganar cada batalla, me dejo la piel, pero hay días que pienso en salir corriendo. Fuerza, empuje, vitalidad… Hoy las fuerzas están en cuarto menguante, me enfrento a la muerte. A mi muerte…
            Quisiera que me veas, que me escuches, que luches, que me acompañes, que simplemente me des la mano, saberte aquí; pero todo es tan difícil. Me doy cuenta que no tengo voz, que nadie me escucha, como aquel árbol que cae en medio de un tupido bosque. ¿Estás? ¿O soy yo que he muerto? Muero en tus silencios, revivo en tus palabras, creo en tus mentiras, busco la victoria en tu fracaso. Sigo aquí, desnuda el alma, esperando a que llegue ese momento… Treinta pasos, la batalla ha estado finalmente perdida. Vos ya no decís nada.  Desnuda, desnudo el cuerpo, desnuda el alma,  desnuda me quedo, desnuda me iré…