miércoles, 26 de septiembre de 2012

renaciendo


(RE)Naciendo



Foto by Victoria Peñafiel.  


Un año de blog en suspenso, un año entero que se dice pronto y que significa muchotiempo.  Repaso la lista de mispublicaciones y exceptuando la que anunciaba un regreso (con nocturnidad y alevosía) compruebo que el último post es del 17 de septiembre de 2011. Mucho, mucho tiempo.
Casi tanto como el océano que me transformó por dentro.

Hace algo más de un año me di cuenta que algo pasaba en mi cuerpo y comprobé que el exceso de sueño era por culpa de las famosas hormonas del embarazo. Dudas, miedos, silencios, coraje y al abordaje. 

Y hace exactamente tres meses me convertí en mamá por tercera vez, una calurosa tarde de lunes, un 25 de junio, y lo hice de la forma más natural y conmovedora. Y de alguna forma se cerraba un círculo de vida, mi hija nacía el mismo día que mi abuela cumplía 80 años. 

No fue un parto cualquiera, sin dudas no. Mi último y definitivo parto fue fruto de una elección interna por respetar mi cuerpo y por luchar por tener una relación diferente con esa niña que llevaba dentro. Sin hablarlo en exceso y tras mantener en estricta intimidad mi decisión hace tres meses a eso de las 4 de la tarde nos fuimos para la maternidad.
Debo confesar que ya las últimas dos semanas fueron un poco infernales: calor, calor y más calor. Dolor, dolor y más dolor en músculos que desconocía que existieranen mi cuerpo. Miedo, miedo y más miedo a que el asunto candente se truncara. Dudas, dudas y todavía más dudas de poder enfrentarme a mis debilidades para hacer fuerte a otro ser.

Pero llegaron las primeras y tímidas contracciones y un tapón mucoso que por primera vez pude ver qué era. Y por nervios del papá una visita a la maternitat a destiempo, cuando todavía estaba “verde”. Pero no era inmadurez, eran las ganas de que la experiencia fuera completa y que en la sala de parto fuéramos tres los que ingresáramos (y cuatro los que egresáramos).

Y si, éramos tres en una sala de partos. Compartí el momento con Vick “gran”, gran amiga, gran visionaria de luz y de instantes, gran apoyo… simplemente gran
Ycon mi compañero de vida y de todo, mi otra mitad y un poco más.

Entre las 5 y las 7 de la tarde poco a poco y su ritmo y sin más analgesia que la fuerza de voluntad y una botella de agua congelada que llevaba varios días en el congelador fuimos dilatando. Y digo fuimos porque mi Vick “petita” fue mi compañera de aventuras. Una contracción que se iba y una menos que quedaba para el gran momento. Por suerte respetaron mucho la necesidad del momento y el chisme que marcaba las idas y venidas de las contracciones estaba sin sonido, pero por las caras de mis acompañantes sabía que algunas marcaban cimas dignas de un 8.000. Todo fue a su ritmo, y no lentamente… la pequeña vickinga se tomó 41 semanas con 1 día para decidirse a salir, pero una vez que se decidió a por ello fue.

El dolor era intenso y por momentos intensísimo. Nunca mencioné la necesidad de la anestesia pero en  más un  de momento pensé qué demonios estaba haciendo. Las últimas grandes contracciones las pasé sudando la gota gorda (literalmente) en una pelota de pilates. Y de golpe el dolor cambió, era el tiempo del expulsivo. Tal y como Viktoria, mi querida doula me había informado, eran las contracciones de estar agradecido. Por un instante el pánico se apoderó de mi, pero las comadronas que nos acompañaron hicieron del miedo risa y, como el viento, se escapó por un rendija de la puerta.

Un pujo, otro más. Un instante y otro más. Una emoción y otra y tu cabecita empujando. Todo iba perfecto porque en la sala de partos (a pesar de su piso vibrante) todo era tranquilidad, ni una prisa, me sentía arropada por todas las mujeres que viven en una sola mujer. “Dame tus manos y recibe a tu hija”, no encuentro las palabras para describir el momento. Tres, dos, uno, y te agarré con fuerza, y sentí tus piecitos abandonar tu refugio para buscar calorcito entre mi pecho. Nunca viví algo tan brutal, tan único, tan fuerte, tan femenino.

Parir de forma natural no me convierte en absolutamente nada pero me unió a mis entrañas y me hizo descubrir que sí es posible. Me reconcilió con la vida y me hizo aprender que podemos y que el barullo de la sociedad nos ha robado a las mujeres nuestro poderío único. Nos deben respetar el parto (con o sin analgesia) y debemos volver a conseguir nuestro poder, nuestro momento. Y del dolor sólo queda un vago recuerdo. Me quedo con ese calorcito de tu piel en mi piel. Me quedo con las miradas cómplices con el Titi, la de tierna bienvenida, la  de la sonrisa sin necesidad de decir nada. Me llevo en el alma a dos comadronas (una muy joven, la otra muy experimentada) que honran su preciosa profesión. Me llevo la compañía y ese lazo invisible que nos unió con Vick “gran” (pero que muy gran). Me llevo las risas. Me llevo la vida.

Querida hija, gracias por elegirme. Te amo con toda el alma. Gracias por ayudarme a (RE) Nacer. 

3 comentarios:

  1. Jo ho repetira demà mateix, ja ho saps :-)
    I la mini-Vick és una mica (només una miqueta petitíssima) filla meva també...

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  2. Gran experiència. Benvinguda la Vida!

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  3. Uf, qué emocionante, me ha encantado leerlo :)

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